Un gol del uruguayo en el descuento mantiene vivo al Madrid en la lucha por la Liga. El equipo blanco despertó tarde, pero a tiempo. Vinicius volvió a conectar con el Bernabéu.
No se apuren en dar por muerta la primavera de Cibeles. Este domingo, el Madrid vivió su particular resurrección. Al menos, en el marcador. Ante un Athletic plagado de suplentes, los blancos alargaron el bajón europeo en una primera parte insulsa y, aunque en la segunda merecieron golear, el acierto les volvió a ser esquivo. Así es el Madrid esta temporada: cuando no falta el juego, falta el gol.
Vinicius fue el único que arrancó enchufado, el único que creyó desde el principio, como ya lo hizo contra el Arsenal. Se dejó el alma, predicando en solitario hasta que el resto se subió al tren. Y cuando el tiempo se agotaba, Valverde —ese jugador incansable, omnipresente— apareció en el descuento con un golazo que mantiene al Madrid con vida en la Liga. Siempre está, siempre responde. Es el último irreductible de este equipo.
Era noche de examen en el Bernabéu tras una semana de críticas, listas de señalados y ausencias dolorosas. Pero no hubo reproches. La afición animó como si nada. Y Vinicius, como si nada, fue ese torbellino habitual, el agitador del equipo. En la primera mitad, todo el peligro pasó por sus botas. Desbordó, encaró, corrió, robó balones... incluso tuvo una ocasión clarísima que él mismo se generó con un eslalon brillante. Faltó el gol, pero no las ganas.
Ancelotti volvió a las raíces: su 4-3-3 más puro, con Valverde y Camavinga en los laterales, Modric y Ceballos dando apoyo a Tchouameni, y Bellingham de falso nueve. Un once que puede esconder pistas del futuro: quiten a Rodrygo, pongan a Mbappé, y quizá tengan a los titulares de la final de Copa. En momentos críticos, a veces hay que volver a lo básico para reconstruir.
Un Athletic alternativo
El Madrid apenas cambió nombres respecto al desastre ante el Arsenal —salieron Alaba, Lucas y Mbappé; entraron Camavinga, Modric y Ceballos—, pero sí modificó el plan. Pese a eso, el primer tiempo fue pobre: una sola llegada clara, mucho toque, poca mordida. Solo Vinicius inquietó a Gorosabel. El 75% de posesión fue más anestesia que control.
El Athletic, por su parte, sí rotó en serio. Valverde puso a los suplentes, con Unai Simón como única excepción. Solo repitió Berenguer respecto al once que eliminó al Rangers, por la baja de Iñaki Williams. Aun así, el plan se entiende: están cerca de asegurar Champions y tienen una cita histórica en Europa League. Pero el equipo lo notó. Sin los Williams y sin Maroan, el Athletic fue inofensivo en ataque.
La resurrección
Tras el descanso, el Madrid cambió el ritmo. Rodrygo despertó, la circulación ganó velocidad, y comenzaron a llover las ocasiones. Disparos de Rodrygo, Camavinga, Ceballos y Valverde pusieron en apuros al Athletic. Endrick entró en busca de remate, pero fue Bellingham quien, como nueve improvisado, tuvo dos cabezazos peligrosos. Unai Simón salvó el primero con una gran intervención.
Valverde (el técnico) reaccionó y metió pólvora: Sancet, Iñaki Williams y Maroan. Quería recuperar filo. Pero ya era tarde. El Madrid era dueño del partido. Modric manejaba el juego como en sus mejores tiempos. Rodrygo rozó el gol, Valverde la mandó al lateral de la red...
Y entonces llegó el uruguayo. El otro Valverde, el incansable. El que nunca se esconde. En el descuento, con una volea imparable, rescató al Madrid y le dio una vida más en esta Liga que se niega a rendirse.


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